Declarado inocente después de pasar 43 años en la cárcel

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Kevin Strickland fue liberado hace pocas semanas y trata de volver a la sociedad, pero es algo difícil para él.

A veces el sistema de justicia de algún país se equivoca y condena a una persona que es inocente. Se ha visto varias veces en el pasado, cuando luego de años e incluso décadas aquel culpable se vuelve inocente.

Ese es el caso de Kevin Strickland, un afro estadounidense que fue absuelto y liberado la última semana de noviembre por un tribunal del estado de Misuri, en el centro de Estados Unidos, tras pasar 43 años tras las rejas por un error judicial.

Strickland, de 62 años, había sido condenado en 1979 a cadena perpetua por un jurado compuesto exclusivamente por blancos por un triple asesinato ocurrido un año antes en Kansas City, Misuri, recuerda AFP.

Strickland proclamó firmemente su inocencia, y a principios de este año, la oficina del fiscal del condado de Jackson, que incluye a Kansas City, decidió que había sido condenado por error.

Después de revisar el caso, el juez James Welsh ordenó el martes 23 de noviembre la liberación inmediata de Strickland.

La exoneración de Strickland lo convierte en uno de los presos con más años tras las rejas en Estados Unidos en haber sido condenados injustamente.

En una entrevista con diario El País dijo que aún se siente un preso e incluso espera acostado en su cama el timbre que sonaba en la prisión para ir a desayunar.

Además no reconoce a la nueva Kansas City. Sus padres ya no están, no tiene contacto con sus hermanos y su hijo, y a su hija solo la ha visto cinco veces. Esto, sin contar que su vida junto a la madre de esta, quien era su novia en el momento del arresto, fue dejada en el olvido por el fallo equivocado en su contra. Ella se casó después.

“Sé que estoy despierto, pero no dejo de pensar que alguien me va a zarandear y decirme que no, que estoy soñando, que me han tomado el pelo, que sigo en prisión… No sé hablar con gente normal, me he criado entre animales”, dice, con una dulzura repentina y desconcertante”, dijo a la periodista que habló con él.

Como una forma de ayudarlo se creó en gofundme.com un fondo para recibir donaciones y tratar de retomar su vida. Ya ha recibido más de 1,7 millones de dólares y con ese dinero lo primero que quiere hacer es comprarse una casa en las afueras de la ciudad, donde no tenga mucho contacto con la gente.

Según el Registro Nacional de Exoneraciones, de las universidades de Irvine en California y Michigan, unas 2.500 personas absueltas por la justicia en los últimos 30 años han pasado una media de 13,9 años en prisión, con un máximo de 47 años y 2 meses.

Strickland, cuyo primer juicio resultó nulo, fue declarado culpable en un segundo juicio por el asesinato del 25 de abril de 1978 de tres personas que fueron atadas y fusiladas.

La única sobreviviente, Cynthia Douglas, identificó a Strickland como uno de los cuatro hombres responsables de la matanza, pero luego se retractó de su testimonio.

Dos de los hombres condenados por los asesinatos dijeron que Strickland no estaba involucrado e identificaron a otros dos hombres como participantes.

Tampoco hubo evidencia que vinculara a Strickland con el crimen, y este incluso proporcionó una coartada de dónde se encontraba en ese momento.

“Strickland fue condenado únicamente por el testimonio de Douglas, quien posteriormente se retractó de sus declaraciones”, dijo el juez.

“En estas circunstancias únicas, la confianza del Tribunal en la condena de Strickland está tan socavada que no puede sostenerse, y la sentencia condenatoria debe anularse”, apuntó y agregó: “el Tribunal ordena la liberación inmediata de Strickland”.

El fiscal del condado de Jackson, Jean Peters Baker, saludó la decisión.

“Esto trae justicia, finalmente, a un hombre que trágicamente ha sufrido tanto como resultado de esta condena injusta”, dijo Baker en un comunicado.

La organización Midwest Innocence Project, que abogó por el caso de Strickland, lanzó una campaña de recaudación de fondos en internet para ayudarlo a empezar una nueva vida.

Strickland le dijo antes de salir al diario The Washington Post que, una vez libre, quería visitar la tumba de su madre, fallecida en agosto pasado, y ver, por primera vez, el mar.

Lo primero ya lo cumplió. (I)

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