Peripecias de las vendedoras de legumbres, mal llamadas «indias»

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Mujer indígena labrando la tierra

La forma correcta de mencionarlas sin ser despectivos es indígena

Pocas veces nos hemos puesto a pensar si lo que tenemos es suficiente, es lo necesario o si solamente lo tenemos por tener.

El conflicto social que está atravesando el país, ha llevado que seamos más empáticos con los que están inmersos en las luchas en las calles, y que nosotros los que estamos como espectadores, no tenemos ni idea del vía crucis que pasan los mal denominados de forma despectiva «indios o longos».

Hoy encontramos a Lucia (Nombre protegido) para no caer en la estigmatización de llamarla María, como se las denomina a las vendedoras que son de la sierra, una vendedora de legumbres proveniente de la sierra centro, concretamente de la comuna de Suchauma en la Provincia del Cotopaxi, quien en una amena charla nos contó lo que viven en estos momentos del levantamiento indígena.

Nos manifestó que se turnan para salir a protestar, que ella ya había cumplido su turno la semana pasada y que tuvo que aguantar hambre, frio y las malas condiciones que conlleva estar en las calles y dormir a la intemperie.

Entre otras cosas nos dijo que, para llegar a su comunidad, tiene que caminar aproximadamente 4 horas, pues vehículo solo hay los días sábados, y que es imposible poder hacerlo en las circunstancias en las que esta el país actualmente.

Inconvenientes

También nos dijo que la vida en su comunidad es dura, cultivar los campos en las condiciones precarias en la que lo hacen, les deja pocas utilidades, pues para cultivar un saco de habas, deben esperar entre dos meses y medio a tres meses, regarlos. abonarlos y cuidarlos de las plagas, para que cuando las cosechan, les paguen solamente 3 a 4 dólares, y eso que tienen que llevarlos al centro poblado más cercano y en pasaje se les va un dólar.

Acoto además que, en el caso particular de una pariente de ella que se atrevió a sacar sus productos en estas fechas e intentar llevarlos hasta Quevedo, fue retenida en el sector de Zumbahua y bañada con agua fría y ortigada por los comuneros que están a cargo de no permitir el paso de los habitantes de ese sector hacia las ciudades aledañas.

Esto es según ella y sus familiares como castigo por desobedecer de no sacar sus productos en estos momentos.

Así culmino nuestra charla, se notaba cierta angustia en su relato y su mirada un tanto confundida, al final nos manifestó que para poder vender lo poco que vende, tiene que abastecerse del mercado mayorista acá en Quevedo al precio que imponen los intermediarios.

Cogió su triciclo y se marchó hasta perderse en la calle, en busca de otros clientes a quien poder vender sus productos, que tanto hacen falta en estos críticos momentos que vive el país por las protestas sociales.

Fuente: digitalquevedo.com

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