Historias urbanas, vivencias dentro de una unidad de transporte público de pasajeros

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Subirse a un bus de transporte de pasajeros, sea inter cantonal o interprovincial, es vivir experiencias que quizás nunca experimentaras en otros escenarios.

Pues lo que se vive dentro de ellos es algo que solo se puede vivirlo estando allí en el propio terreno.

De entrada, el oficial o ayudante te dice «Por favor sentarse que estamos de salida y tendrán su boleto en mano».

Luego empiezas a escuchar a uno que otro pasajero llamar por teléfono a un familiar para decirle cosas como «Hijita podrás detergente a la lavadora que me olvide de ponerle».

Otro llama al hijo que se quedó en casa y le dice «No olvides de cerrar la puerta de la entrada que quedo abierta y le dirás al Javier que le dé comer al chanchito».

Alguno que otro pasajero se muestra inconforme con el asiento que le toco y que no es el que está en su tikect, y se muestra contrariado porque le toca sentarse con una persona que lleva hasta tres niños en un mismo asiento.

Y así transcurre el viaje no sin antes escuchar a los vendedores de productos que se suben en cada pueblo donde el vehículo pase y el conductor les abra la puerta para que suban «Lleve su pan de yuca calientito recién salido del horno» O » agueee de coco, bien heladita, lleve lleve» O «tortillas de maíz que queman la mano».

Y qué decir de los típicos charlatanes que ofrecen sus promociones de los laboratorios de la mismísima selva amazónica, productos naturales que muchas veces no tienen marca ni registro sanitario, sino más bien es agua azucarada con colorantes que según ellos, curan toda enfermedad.

Están también los cantantes frustrados o que creen que lo son, y que interrumpen el viaje con sus cantos, muchas veces buenos y otros bastante desentonados pero que igual se las rebuscan para sacar una que otra moneda a los pasajeros.

Y así se van consumiendo los minutos y las horas y las posaderas ya empiezan a doler por la incomodidad de los asientos que muchas veces ya piden a gritos que se los vuelva a tapizar.

Por ratos aparece el ayudante del vehículo y vocifera a viva voz «Pasajeros que se quedan en San Pancho, vayan saliendo que estamos por llegar o cualquier otro sitio dependiendo el recorrido»; y los desprevenidos pasajeros empiezan recoger sus tereques para no pasarse del punto antes indicado.

Estas y otras historias las podemos experimentar en un viaje cualquiera de nuestro país, si se trata de movilizarse de una ciudad a otra, no importa si vas lejos o cerca, estos casos se repiten a diario en las unidades de servicio de transporte publico de nuestro querido Ecuador.

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